WORK IN PROGRESS

domingo, 17 de febrero de 2008

paris: cafes




sábado, 16 de febrero de 2008

sin titulo: fragmento

El autobús nos dejó en un sitio apartado, lejos del centro turístico, del lago, comenzando a anochecer. En el autobús yo había empeorado, sudaba, temblaba, me mareaba. Le dije a mi ex que cuidara las mochilas y me fui a buscar un taxi. Hice lo de siempre: pregunté cuánto, escuché el precio, puse cara de sorpresa, de ofendido, dije que estaba loco, por pedirme ese precio, que más atrás alguien me había ofrecido el mismo viaje por un tercio, vi la sorpresa del taxista y, con ella, medí cuánto era el mínimo que podía pagar, me alejé, le dije a otro taxista que no pagaría más de tanto (entre un tercio y la mitad del precio del primer taxista), le dije que no pensaba negociar, que ese era mi precio final, me dijo que no, pasé al siguiente, que tampoco, y así hasta que encontré al bien dispuesto, pero no me había dado cuenta de que el primer taxista se había venido detrás de mí, y comenzó a pelearse con el que había aceptado mi precio. Yo, mareado y tembloroso, acabé aceptando que el primer taxista me llevara pagando la mitad del precio original. Nos regresamos a buscar a mi ex. En el camino, el taxista sacó su rickshaw, no sé cómo, de entre doscientos estacionados. Cuando encontré a mi ex estaba rodeada de gitanitas (supongo que intocablemente hijas de dios), que le pedían dinero, que la habían comenzado a rasguñar, por su cara acojonada. Se alejaron corriendo con los gritos del taxista. Subimos las mochilas, nos embutimos entre ellas. Me recosté temblando, sudando. Mi ex me preguntó cómo estaba. Bien. Sin poder comer porque, no sé cómo, todo lo que entraba por mi boca se volvía mierda líquida en diez segundos; una máquina de diarrea, perfecta, eso era yo. Disentería, según la guía. Si en tres o cuatro días no se pasaba, había que empezar a preocuparse. Llevaba dos así. Me quedaban dos. Estaba bien.



*



Escena: lo primero, las dos al suelo. Una sobre la otra. Los pies de la de abajo son las manos de la de arriba, que apoya o esconde la cara en las plantas mugrientas. Alrededor, Picasso, época Guernica, figuras torcidas, simples líneas, reformadas. El juego de taparse la cara con los pies sucios de la compañera sigue, hasta que las dos se levantan y comienzan a entrecruzarse: brazos, piernas, corbatas, nudos, en una especie de lucha grotesca que recoge bien las formas de los cuadros. Picasso, virulento, las ha contagiado. Ellas buscan, pero él, póstumo, aún encuentra.


pushkar: ecosistema








miércoles, 13 de febrero de 2008

un articulo

“Let’s call the whole thing off”

Armando Luigi Castañeda

Una amiga me propuso escribir un artículo sobre la interculturalidad. Para saber qué se cocina, cuáles son los temas actuales, aproveché, por supuesto, una de las herramientas por excelencia de la interculturalidad: la web. Entré a la Wikipedia, escribí “interculturalidad”, pasé al artículo en inglés, y allí encontré un link perfecto, al Journal of Intercultural Communication (http://www.immi.se/intercultural/). Una montaña invisible de información de la que escogí cuatro breves estudios que me interesaron. Los guardé en el ordenador de bolsillo, abrí la puerta y salí, que ya era tarde.

Sentado en el metro, escuchando en el Mp3 al nigeriano Fella Kuti, comencé a leer el primer estudio (Nixon Y., y Bull P.: “Cultural communication styles and accuracy in cross-cultural perception: A British and Japanese study”. www.immi.se. Journal 11 abril 2006). Dedicado a las diferencias entre la manera de percibir las reacciones emocionales entre distintas culturas. Proponiendo imágenes a dos grupos de culturas lejanas (ingleses y japoneses), se les pregunta las relaciones entre los personajes (¿son madre e hija?, ¿quién ha ganado el partido de tenis?, ¿están casados o son una pareja reciente?). Según las conclusiones, existe una especie de lenguaje corporal común, reconocible por ambos grupos, aunque luego, en relación con los detalles, hay notables diferencias en función de la cultura (por ejemplo, para los japoneses, que se reafirmaron como colectivistas y jerárquicos, al distinguir las posiciones de poder entre los personajes fueron mucho más acertados que los ingleses, quienes, en cambio, reafirmando su fama de individualistas, reconocieron mejor las relaciones humanas de amor o amistad). Levanté la vista, al frente tenía, en el vagón del metro, a un subsahariano; al lado, a una pareja de turistas latinoamericanos; en diagonal, a un francés, y detrás, a un grupo familiar árabe. Sonreí, pensando en el artículo, sintiendo que todos nos enviábamos, allí sentados, en silencio, mensajes de convivencia pacífica.

A la salida del pequeño concierto (chanson francaise mezclada con mil cosas, y era esta mezcla, justamente, lo que más me interesaba), regresando a casa caminando, me senté a tomar un té de menta con piñones, nostálgico, quizá, de los viajes a Túnez y Marruecos. Acabando con el té leí el segundo estudio (Fraghal, M.: “Accidental Humor in International Public”. www.immi.se. Journal 12 agosto 2006), un divertido, aunque seriamente académico, estudio sobre malentendidos lingüísticos entre diversas culturas que llevaban a bromas, muchas veces de carácter sexual, capaces de transformar en algo ridículo el contenido original del mensaje. Aunque en este caso los ejemplos llevaban a consecuencias “cómicas”, quedaba claro que el desconocimiento de la cultura del receptor puede tener, también, consecuencias trágicas (recordé la desacertada utilización de la palabra “cruzada” para una ofensiva militar norteamericana en el mundo islámico; un error que, seguramente, despertó una ola de indignación traducida en varias decenas o centenas de muertos, para ambos bandos).

Después del té decidí usar el metro, había sido un día activo, con un atelier de caligrafía china en la mañana y una película rusa en la tarde. Antes de dormir, acabé al tercer estudio (Willians K.: “Rules and regulations: is culture-learning like language-acquisition?”. www.immi.se. Journal 8 enero 2005) dedicado a la imposición de políticas de terror y la ruptura de los canales de comunicación intercultural. El estudio dejaba clara la relación entre la violencia y el desconocimiento del otro y, por argumento en contrario, entre el reconocimiento del otro y la convivencia pacífica. Es habitual que grupos de poder capaces de estimular la violencia para alcanzar sus objetivos políticos o económicos se nutran de la ignorancia por lo distinto, base del rechazo, la exclusión, la condenación y, finalmente, la persecución. Por desgracia, hubo un largo antes, y ha habido un después, para la ideología nazi.

Hoy en la mañana, finalmente, me dediqué al cuarto y último estudio (Desavelle H., y Makinen S.: “Addressing the Consumer in Standardised Advertisements: Linguistic Cues in French and Finnish Technology Products’ Advertising Texts”. www.immi.se. Journal 12 agosto 2006). A través del lenguaje utilizado en determinadas campañas publicitarias, los investigadores descubren diferencias de cultura normalmente desapercibidas. La adaptación de las campañas, un ejercicio “obligatorio” para las grandes agencias de publicidad, tiene una traducción inmediata en las ventas. Adaptaciones desacertadas han costado millones. Por eso, el tema intercultural es visto, cada vez más, como algo muy serio, en la publicidad.

La sensación que me queda, después de leer los cuatro estudios, es de sorpresa ante la importancia de lo “intercultural”. Para mí se trababa, sobre todo, de un ejercicio de comunicación individual, útil para hacer amistades en los viajes; disfrutar los productos, materiales y culturales, de países lejanos; facilitar la integración de los inmigrantes (yo mismo, uno de ellos) o, en el mejor de los casos, para vivir una historia de amor con alguien de una cultura distinta. No me había dado cuenta del impacto que los canales de comunicación intercultural tienen sobre la geopolítica o la economía. Está claro que, en el mundo actual, quien no maneja, o no es capaz de entender, correctamente, los códigos del “otro”, se encuentra en una posición de inferioridad clara. En el mundo globalizado, de mercados integrados y flujos de migración cada vez más fuertes, la interculturalidad ha dejado de ser una opción filantrópica para convertirse en una necesidad pragmática. Sin embargo, persisten fuerzas que se benefician de la ruptura del diálogo, de la negación, del rechazo; nuestra función, como voces, tendría que ser, estoy seguro, la de intentar fosilizar a estas fuerzas lo antes posible; convertirlas, rápidamente, en cosa del pasado. Y mientras escribo esta frase me interrumpe, sonando en una emisora de radio bajada de internet, aquella simpática canción que juega con las diferencias, en las voces de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, “you say tomatOES and I say tomatOOs”, se me sale la sonrisa, agradezco al viejo espíritu del jazz (el de la aceptación, la mezcla, la improvisación, la bienvenida, el entendimiento), que al final es esto, claro, la interculturalidad, y nada más.

rambouillet: bosque




domingo, 10 de febrero de 2008

sin titulo: fragmento

De Udaipur, también, son las historias del adolescente listo, la montaña de los monos, el templo sonoro, y el comienzo de mi enfermedad.

El adolescente listo: apareció en una calle del otro lado del lago seco, le preguntamos algo, se quedó hablando no sé qué, y ahora no puedo decir por qué era tan listo, pero allí están las fotos, los ojos brillantes, la sonrisa maligna, esas cosas que tiene la gente inteligente, ¿pero por qué lo dices, cómo sabes que era listo?, por lo que decía, ahora no me acuerdo, y el sentido del humor, tampoco importa, era listo y ya, y eso, en realidad, tampoco importa, hará lo que tenga que hacer, como todo el mundo, el tiempo que le toque, y después lo de siempre, nada más.

La montaña de los monos: también los monos eran listos, escogieron, para vivir, una montaña con cascadas y palacio de verano real, un lugar convertido en parque natural. Creo que todo el mundo era listo, por allí. Pero ese no es el tema, sino los monos, unos bichos grandes, del tamaño de un perro, y con cara de mordisco y de maldad. Treinta o cuarenta personajes, sentados en la carretera, y uno sin saber si, al pasar, se pondrían cabrones. Y claro, a ver cómo lo averiguas, si ni siquiera les puedes preguntar. Andaba el líder por allí, haciéndose el importante, y los otros machos, cuidando a las mujeres y a los monitos. Lo ideal hubiera sido mandar a mi ex primero, claro, por aquello que nos diferencia de los animales, la cultura y la civilización, la revolución tecnológica, la medicina, los transportes, la igualdad de los sexos y esas cosas, sobre todo por la igualdad de los sexos, pero mi ex no quiso, no entendía de qué iba el rollo de esta igualdad, para algunas cosas nunca lo entendió, para otras, perfectamente, así que nada, tuve que pasar yo primero, no sé por qué.

*

Ayer, aburrido en el hotel, estuve escribiendo sobre un papelito la estructura del capítulo:

Línea 1. Autobiografía: mudanza; espacio; sueño; territorio; cotidianidad; fin de Castelldefels; huída del amor recurrente; trabajo; acabar el capítulo con el cambio de empleo.

Línea 2. Novelita: compradores; miedo, ¡oh, lectores queridos!; transacción; amenaza; acabar el capítulo con la huída.

Línea 3. Recuerdos: la historia de mi ex y el viaje a la India, acabar el capítulo con el overbooking y los dos días de hotel cinco estrellas.

Línea 4. Fragmentos: continuación de los juegos: Europa en imágenes: Antigüedad Clásica, Edad Media, Renacimiento, Barroco, Romanticismo (Louvre), Vanguardias (d'Orsay), Arte contemporáneo (Pompidou). Tendré que pagar la entrada del museo de Orsay, habrá que esperar un par de semanas, ahora no puedo, por la crisis de liquidez. Asia, sacada del Quai Branli, o no, cambiar la vaina visual por la auditiva, y usar el viaje a la India, que estará por allí rondando, y algún recuerdo de Turquía y China; acabar el capítulo con alguna otra mamonada fragmentaria.

Línea 5. Discursos. El guión de cine. El encargo de la TV movie (mejor, con tanta vaina, esto lo dejo para después). Seguir, más bien, con los epigramas, hasta la mitad del capítulo, más o menos, y la segunda mitad, hasta el final del capítulo, usar algún otro modelo de texto corto, ya veré.

No sé dónde carajo dejé el papelito con la estructura del capítulo. He revisado todos los bolsillos. Debo haberlo tirado quién sabe dónde. Pues nada, sin el papelito la cosa está jodida, no me queda más que improvisar.

*

Juego: con cuero de rinoceronte fabricarse un escudo. Nudos, protuberancias, arrugas. Una cosa más bien fea, pero funcional, que se pueda llevar en la cabeza para sentarse a esperar los viejos tiempos, esos que caen de golpe, por sorpresa, desbaratándote la cabeza si no estás preparado. Exhibir, un rato, el escudo de cuero de rinoceronte en la vitrina, y mirarlo, y escribir esto en el ordenador de bolsillo, y ver que se acerca el vigilante de sala, con ganas de joder, por tu maquinita, el ordenador de bolsillo, y sacarte un audífono, y oír, de Non credo, sólo la mitad. Quoi?, le preguntas. J'ai rien dit, monsieur, responde. Ah... Bien. Y que cada quien siga su camino, como mejor pueda.

Juego: aplanarse las orejas, darle y darle hasta que queden chatas y circulares. Después trabajar los caninos, afilarlos hasta que sobresalgan, largos, como los de un elefante. Ahora mírate fijamente en el espejo. ¿Sientes miedo? Al menor movimiento, echa a correr.

udaipur: monos