WORK IN PROGRESS

jueves, 19 de junio de 2008

sin titulo: fragmento

Mi amigo de los mostachos me dijo que la pareja daría un concierto benéfico en el Teatro Municipal. Emocionado, le pedí que me consiguiera una entrada. No me consiguió una, sino dos, para que viniera también mi antigua novia perfecta, que era mi pareja en aquella época. Él llegó con su mujer, una señora callada y seria.

Los recuerdos del concierto andan un poco chafados, pero alguno queda; sé que estaba el príncipe azul en el escenario, que no paraba de decir estupideces por el micrófono, como un animador de feria de pueblo; pero me sorprendió que el tipo no tuviera cara de burro, como yo había pensado; al revés, no hacía mala pinta; entonces, ¿que quería de la beata?

Que el tipo no era normal, estaba claro por su afán enfermizo de protagonismo. Que tenía a la beata anulada, estaba claro al ver cómo la había arrinconado en el escenario. Que estaba representando una comedia, haciéndose el piadoso, quizá para parecer inofensivo, eso también era evidente. Pero, ¿se creía o no su nueva vida?; ¿pensaba quedarse con la beata o desplumarla y pirarse?; ¿era pederasta, pedofílico o ludópata? Lo último que recuerdo del concierto es al tipo agachado junto a una acordeonista que acababa de demostrar el por qué de sus premios.

Levantando la mano, Perseo zapatero, para que el público viera, el príncipe azul dijo por el micrófono:

-- Te doy esto porque como no tengo nada es lo único que te puedo dar, como gesto de agradecimiento.

Y le entregó a la acordeonista la trenza de su zapato.

Risas y aplausos.

*

Azar. Que sí, que lo quería tener. Le dijo el genio del tango a mi compañera de piso, después de que la hermana del genio le dijera que se lo llevara rápido, que no paraba de hablar de ella, allá en Argentina, enamorado.

Entonces el genio del tango llegó, de urgencia, a Barcelona, sin haber podido arreglar los papeles para pedir la residencia en España.

En esa época, en la otra habitación, se quedaba otra pareja de bailarines que estaban de gira por Europa, pero hacían tango nuevo. La chica era amiga de mi compañera de piso, y su esposo, el genio del tango nuevo, era todo lo contrario al genio del tango: pequeño y más bien frágil, muy culto, educado, tranquilo, venía de haber trabajado como bailarín de danza contemporánea y, además del tango, tenía una compañía de teatro.

Pero nada, siguiendo con la historia, mi compañera de piso andaba iluminada, y el genio también, comenzando su instalación, comprando una Playstation a la que andaba pegado día y noche, adicto como un chaval. La bailarina de tango iba y venía, esperando los resultados de unos análisis que le harían saber, por el tema de las medicaciones contra la ansiedad, si podría o no podría tener el hijo.

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