WORK IN PROGRESS

lunes, 20 de agosto de 2007

sin titulo: fragmento

La tabla de precios muestra unos números cojonudos, y el sitio no parece tan guarro. ¿Tienen habitación? El tipo sale desganado del agujero usado como recepción y se acerca a un colega que está acostado en el suelo, sobre unas colchonetas. Regresa. Deuxieme etage. Subo los veinte kilos de ropa beduina y babushas que están en mi mochila. Cuando acabo de subir me giro y veo en las escaleras a una rubia que lleva un cachorro entre las manos. ¿Sabes dónde están las duchas?, en francés. Pasa de mí. Me responde el recepcionista, que viene detrás. En la terraza, y me señala las escaleras. Entro a la habitación, dejo mis cosas. Subo a ducharme.

Después de caminar unas horas vuelvo al hotel en la noche. Entro a la habitación. La cama, la almohada, las paredes, el suelo, el espejo, el lavamanos, el foco desnudo de la luz, el mundo en general está sudando el calor del día. Vuelvo a ducharme. Regreso. En la habitación, con el calor, no se puede estar. Saco una silla, me pongo a leer frente a la habitación. Las puertas abiertas, intentando airear. Sale la rubia en sujetadores. Me pregunta si he visto a su cachorro. No, pero sí veo sus tetas. El cachorro asoma la cabeza, junto a sus pies. ¡Aquí estás! Desaparecen. Vuelvo a mi libro, el gran Choukri.

El cachorro sale y llega adonde estoy. Cancerbero sin guardián. Lo cojo, me levanto, camino unos pasos. Aquí está vuestro perro, digo junto a la puerta. Sale otra rubia, más pequeña que la anterior, pero más guapa. Está un poco gordita, eso sí. Coge el cachorro riéndose. ¿Qué hacen con él? Mi amiga lo ha visto y se ha enamorado. ¿Dónde lo encontraron? En Essaouira. Está muy bien ese sitio, estuve cinco días por allí. Sí, está muy bien. ¿Y qué van a hacer con el cachorro? Lo llevamos a Ámsterdam, mañana. ¿Pudieron sacar todos los permisos y los papeles? Sí. Yo pensaba que era más difícil. El recepcionista se asoma por la terraza y grita algo de mala leche. No entiendo, ¿qué dice? Creo que dice que no puedes entrar a nuestra habitación. Vaya, pues bueno, buen viaje. Adiós.

Regreso a mi libro y a mi silla, hasta que me da sueño.

A medianoche me levantan unas risas. Estoy bañado en sudor. Mi habitación tiene un servicio que no me cobraron, la sauna. Oigo la voz de un tipo en el cuarto de las holandesas. Abro la ventanita para mirar. Es marroquí, no sé si el de la recepción, no se ve bien. Risas. Hablan en inglés, el del marroquí es muy malo. Les propone subir a la terraza, que hace menos calor. Movimientos y puertas, suben. Me mojo la cabeza en el lavamanos, enciendo la luz, me siento a leer, se me ha ido el sueño.

Risas y voces en la terraza. Al rato, ¡No me toques! Murmullos. ¡No, no quiero que me toques! Murmullos. ¡No, no quiero!… todavía. Las voces, un rato más. Silencio. Puertas. Me asomo a ver dónde están. Nada, deben haber entrado a follar. Silencio. Salgo, con la excusa de la ducha, a intentar escuchar algo. En la habitación está una holandesa, la pequeña, acostada con la luz encendida. Subo a la ducha. No escucho nada. Me baño. Regreso. Me encierro en mi habitación, leo sentado, la luz encendida.

El marroquí entra a la habitación holandesa. Risas. ¡No, déjame tranquila! Murmullos. ¡No, quiero dormir, déjame! Un grito holandés desde arriba. El marroquí sale. La holandesa pequeña cierra la puerta y apaga la luz.

Yo cierro el libro, me levanto, lo dejo sobre la mesa, me mojo la cabeza en el lavamanos, apago la luz, me acuesto, y me masturbo por segunda vez pensando en las holandesas.

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