




La recepcionista del hotel de Guilin dijo, en voz baja, que sólo tiene un día de descanso al mes. En el autobús la gente mueve calmada, paciente y resignadamente sus bultos para dejar sitio a los que acaban de subir. En el transporte público la gente duerme agotada, igual que los dependientes en las tiendas, a mediodía; en realidad, mucha gente dormita en todos lados, vi uno con la cabeza sobre la mano, el codo sobre la rodilla, el pie sobre el cuerpo de la bicicleta, la bicicleta apoyada en la pared. En una “agencia de viajes” un hombre explicó que la educación y la salud, cuando no es muy básica, hay que pagarlas; que el gobierno le da poco a la gente; que si te quedas sin trabajo lo tienes mal, porque ya ni las familias se mueven para ayudarte. En la calle hay mendigos, pero mucho menos que en Delhi o en Manhattan. Los mendigos de China no son mano de obra aprovechable, son viejos, chuecos, y enfermos; en Occidente, en cambio, los indigentes vienen en todos los tamaños, sabores y colores. Hay dos tipos de expresión facial: la típica de la era comunista, cansada, vapuleada, amargamente domesticada, en la gente mayor de cuarenta años, y la expresión de los jóvenes, intranquila, insegura, vivaz, poco sofisticada, modernilla a la fuerza. Todos los autobuses de larga distancia llevan un televisorcito colgado sobre el conductor; videos o películas chinas; aquí Hollywood no entra. La arquitectura oficial es dura, ostentosa, líneas rectas, grandilocuente, falta de gracia, lo típico de las dictaduras del siglo veinte a partir los nazis (esa parodia del neoclasicismo afrancesado, pseudo imperio romano, que tanto atrajo a los dictadores del diecinueve); la arquitectura privada, en cambio, es caótica, sobrecargada, chillona, norteamerimecanizada. En las avenidas principales comienza a haber un horror vacuum publicitario: no hay espacio libre sin un cartel. Las ciudades tienden a ser dobles: por un lado, zonas que parecen recién bombardeadas, salidas de una película postapocalíptica; y por el otro lado, zonas recién fabricadas, con centros comerciales atragantados, ventas de coches de lujo, y edificios ultramodernos de cristal. Los empleados públicos de limpieza urbana llevan una mascarilla cubriendo boca y fosas nasales; supongo que, para el gobierno, es mucho más rentable repartir estas vainas que frenar la polución. Muchos viejos también van con mascarillas, y mucha gente adulta; los jóvenes, no, no conocen el aire fresco. Los templos budistas son rentables: sostienen en los alrededores infinitos tarantines donde se vende incienso y barajitas. La estructura de los templos es siempre la misma: tres edificios muy parecidos, uno detrás del otro; el último es el más importante; en realidad no sé para qué están los otros dos, si todo el mundo acaba ubicándose en el templo grande. El taoísmo, en cambio, parece pasado de moda, sus templos tienen más de museo que de feria de pueblo. Al té los chinos se lo toman en serio; lo digo porque son serios, en general, los chinos, y cuando toman té lo siguen siendo; serios y tranquilos, llevando siempre su envase plástico de té verde, arriba y abajo, a un lado y al otro; el síndrome de abstinencia que produce el té debe de ser jodido, peor que el del opio.
En Yangshuo nos rodeó un grupo de quinceañeras risueñas, ninfas enanas, a pedirnos autógrafos, como si fuéramos payasos de circo, jugadores de fútbol, cantantes de televisión.
Para mi amigo fue la apoteosis, firmaba, sonreía y sadiqueaba; sadiqueaba, sonreía y firmaba, no sabía qué hacer, rodeado de tantas niñas con cara de cuquita afeitadita, como dice él. Cuando posaba para las fotos cogía a las ninfetas del hombro y entre dientes soltaba cualquier barbaridad. Ellas no lo entendían, claro, y les hacía gracia su expresión. A todo el mundo le hace gracia mi amigo. Para eso el tipo es perfecto, para hacer gracia.
La turba se fue como había llegado. Al frente, unos adolescentes que practicaban kárate ya comenzaban a vernos mal. Yo le dije a mi amigo que lo mejor era largarnos, me acordé del farmaceuta de Hong Kong.
Qué vaina tan loca, chamo, lo de las firmas, ¿para qué sería? Ni idea. También pedían el e-mail, ¿estarán buscando marido?, yo me puedo llevar una chinita para Australia. ¿Buscando un marido a los quince años? Capaz que estas carajitas se casen a esta edad. ¡Qué va!, aquí las mujeres se casan super tarde, lo leí por allí, y además parece que son muy independientes, curran durísimo, en la calle, parejo con los hombres, ¿no ves que van solas por todos lados? Sí. Eso casi nunca se ve en el tercer mundo. Es verdad, ¿y entonces qué querían nuestras amiguitas? Coño no sé.
Ya lo descubriríamos, al rato, después de caminar las dos calles largas de ese pueblo escaparate turístico, hecho de tiendas y casitas de madera como de juguete, rollo Disneychanel.
Comenzando la noche se nos acercó otra turba de ninfas. Autógrafos. ¿Y para qué los quieren? Es una tarea, nos pidieron que reuniéramos correos de turistas, para practicar el inglés, es una tarea de inglés. Ah, vale.
No hubieras preguntado, cabeza de huevo, me hubieras dejado tranquilo con mi mojón, ya me estaba creyendo Ricky Martin. Mi amigo puso cara de tristeza y después soltó la risa. Yo me las cojo a todas, igualito. Eso ya se ve, no hay que decirlo. El pedo era saber cómo, porque follar en los viajes es un poco jodido. Yo nunca lo he hecho, no he podido, no he sabido cómo, o no me lo he montado bien. Para las indígenas, necesitas tiempo, dinero y ganas de meterte en pedos. Para las turistas, sólo hace falta tiempo y dinero. Yo siempre viajo apurado y pobre. Paso el día caminando y en la noche ya estoy acabado. Además, no me gusta gastar en bares ni en discotecas, y me aburre pasar horas hablando mamonadas, esperando a ver qué sale. Supongo que si uno entra a un albergue de juventud y dedica horas a la cacería acaba encontrando algo, no sé. Eso sí, no hay que ponerse exigente, ésta es la fórmula. Para ir de Casanova hay que tener el estómago duro. Es lo que he visto. Meterla donde sea, mientras más fácil mejor. Gorditas, feítas, enanitas, dientoncitas, acomplejaditas, flaquitas, apocaditas, grandotas, timiditas, calladitas, lentuditas, amargaditas, estupiditas, nariguditas, pelabolitas, desubicaditas, depresivitas, olorositas, tierruitas, resentiditas, pobrecitas, regaladitas, inadaptaditas, alcoholiquitas, acabaditas, enfermitas, pepuditas, arrugaditas, pendejitas, putitas, maleducaditas, mochitas, pueblerinitas, viejitas, nichecitas, orejoncitas, abandonaditas, horteritas, necesitaditas, olvidaditas, marginalitas, ansiositas (y ya paro, que me estoy poniendo misógino)... éste es el mercado. Si te pones exigente te vas al carajo. Las tipas buenas no necesitan follar con lo primero que aparece, claro. Yo empecé mal, me puse exigente desde el colegio. Creo que me engañaron las nínfulas con algunas miradas y un par de toqueteos distraídos que, por mi timidez, no acabaron en nada. Quizá al final sólo sea esto, un pedo de timidez. Necesito que me den un dato para lanzarme, una mirada, no sé, lo que sea. Sociopatía y timidez, de puta madre. Y creo que es tarde para ir arreglándolo.
Creo que el chaval uruguayo se merece un fragmento, por portarse bien. Un fragmento que hable de él, quiero decir. De su valor, como caso de estudio. Antes de ayer estuvo contando cómo funcionaba su escuela secundaria, en Norteamérica. Cada mañana juramento a la bandera con la mano en el pecho. Si no lo haces, te levantan una amonestación, y si insistes, te pueden expulsar del instituto. De todos modos todos lo hacían, lo del juramento, para no quedar mal con los compañeros, porque allá lo peor es que te acusen de antipatriótico.
Después, en clase, todo el tiempo estaba puesto CNN, en un televisor, la maestra le bajaba el volumen cuando hablaba, dice que vio el ataque de las torres gemelas allí, en directo.
Y funciona, sí, de puta madre, el adoctrinamiento del CNN, por ejemplo: estábamos hablando de viajes, él me dijo que yo estaba loco, que cómo me podía ir a todos esos países cutres, llenos de gente rara y de terroristas. Son mucho más tranquilos que aquí. Pero no sé, ché, todos son pobres, y sólo hay gente sufriendo, pasando hambre; mirá, si ponemos en el Google India, mirá, todo es cutre, feo, mirá las fotos. Coño, el Taj Majal yo no lo veo cutre. Pero mirá la cara de esta mujer, está sucia. Joder, es una gitana del Rajastán, ¿cómo quieres que esté limpia, si eso es en el desierto? Decime un pais de África, de esos que tú vas. Senegal. Mirá, unos niños sufriendo. ¿Sufriendo?, yo veo que están cagados de la risa. Bueno, pero están desnudos, son pobres; en cambio, si ponemos Australia, mirá, todo es guay, es bonito, las playas, los canguros, guay. Pon Costa Rica. Ya, es guay, playas y palmeras. Pero Costa Rica es tercer mundo, hay bastantes campesinos pobres. Sí, pero Latinoamérica se salva; Australia, Norteamérica, y Europa, todo lo demás fuera, son países problemáticos, controversiales, atrasados. Busca fotos de Shangai, para que veas qué atrasados. Bueno, pero estos son conflictivos, ¿no fueron ellos los que tiraron las bombas en Pearl Harbor? ¿Quiénes, los chinos? No, fueron los de Vietnam, ¿no?, ¿no fueron los de Vietnam?, ¿fueron los coreanos?, ¿quiénes fueron?, los coreanos, ¿no? ¿No te lo dijeron en clases de historia? Sí, no sé, las clases de historia las daba el coach de fútbol americano, y se pasaba las dos horas comentando los partidos; de verdad, era así, te lo juro; y entonces en los exámenes te preguntaba cuál había sido la noticia más importante de la semana en el CNN, y para responder tenías que dar tu opinión, nada más, eso fue todo lo que yo aprendí de geografía y de historia.
Quedan quince días de novela. Encontré piso en París. El primer número que llamé, de una lista de particulares, no de agencias. Unos peruanos, supongo que hubo algo de solidaridad sudaca, en el asunto, no me pidieron las vainas que me venían exigiendo las agencias y que yo no tengo, por supuesto. Dije lo de siempre: el mes que viene comienzo a trabajar en París y quiero alquilar sin ver el inmueble (una mentira práctica, nadie me alquilará si digo que pienso pasar un tiempo viviendo del dolce fare niente, del paro y los ahorros, el préstamo, más bien). Éste es un estudio de dieciséis metros en Montparnasse. Duplico el espacio que ocupo ahora, y estaré solo, en una zona cojonuda. Joder, está perfecto.
En la mañana comencé a tramitar el paro. Por dieciséis días (casualmente, los que me faltaban en el hotel) necesito presentar otro papel. He tenido que pasar por el hotelito dos estrellas. No tenían el papel, me dijeron que llame el lunes para recordar pedírselo a la gestoría. Me trataron bien, curiosamente. Quizá no supieron que fui yo quien se llevó al otro recepcionista, dejándolos con el culo al aire. O ya se olvidaron del tema.
En la noche compré un pasaje de avión a París para coger las llaves y dedicar ocho días a preparar el piso para la mudanza. Mirar el espacio, saber qué hay, qué me llevo, limpiar y pintar, comprar algo, una cama aérea, como las literas, pero sin nada abajo, creo yo. Dejar el sofá para las visitas. De Barcelona no me llevaré gran cosa, de todos modos, no sé cuánto tiempo viva en París. Alquilaré un coche para meterlo todo. Escribí a un par de agencias de alquiler de vehículos preguntando si puedo sacar el coche aquí y dejarlo allá. Creo que no. De todos modos, mi compañero de piso se ofreció a acompañarme, para traer el coche él. Si no, voy y vego en coche, y me vuelvo a ir por avión, en low cost . No sé, ya veré. Por ahora, depositar un mes y resolver lo del paro. Después, nada que hacer hasta el día de partida. Creo que me iré con la tienda de campaña a la Costa Brava. Hoy, quedé con [CENSURA] para pasar la tarde en un hotel. Me quedaré a dormir, mañana piscina. Vida perra de desempleado. Me siento raro, con el tiempo libre.