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sábado, 16 de agosto de 2008

amsterdan: geometrias

Casi veinte años tenía sin ir a Amsterdan porque, la última vez, los vendedores de drogas no pararon de acosar mis veintiún años. Hasta las señoritas que creía estar ligando acababan intentado venderme droga. Pero la ciudad cambió; ya no están las dos filas de camellos esperando en la salida de la estacón de tren. Además, la experiencia me mantuvo lejos de las zonas que usan los turistas. Por eso encontré una ciudad tranquila, refinada, geométrica, marcada por un art-decó que no recordaba haber visto aquí. Paseando por un canal escuché a un tipo que practicaba en su piano, Bach. Una casa flotante de lujo, de estas que dan envidia. Me senté a oír. Al rato, el tipo dejó el piano y me levanté. El tipo salió a fumar. Me miró, se preguntó (supongo) qué hacía un turista junto a su casa. Mirando arriba, a los lados, al canal, afuera, como si buscara fotos, me alejé.

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