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sábado, 6 de septiembre de 2008

guia de barcelona para sociopatas (2007): fragmento

Al día siguiente, a las ocho de la madrugada, el viejo del 3º 3ª nos despertó gritando su ¡Calla puta! ¡Calla cabrón!
Me levanté, me lavé la cara, me cepillé los dientes, me quité las lagañas, me vestí, bajé un piso de escaleras y toqué el timbre.
—¿Dígame? —la vieja.
—Buenos días. Quería pedirle si por favor podrían bajar el volumen de los gritos, o cambiar el televisor de sitio.
—¿Qué, qué pasa? —el viejo, que llegó desde adentro.
—Si por favor podrían cambiar el televisor de sitio, es que no se puede dormir.
—Pero venga y pase pase —cogiéndome del brazo —oiga, oiga el televisor, no está fuerte, no está…
—No no, no es el televisor, son los gritos suyos de «¡Calla puta! ¡Calla, cabrón!».
La cagada. A la vieja se le giraron los ojos, poseída por las furias, y el viejo comenzó a gritarme «¡¿Qué? ¿Qué? Y cuando follas con la zorra de tu mujer ¿qué?!», la vieja apoyó al viejo, diciendo que la cama se oía «chiqui chiqui», les respondí que ésa era mi vida privada, que no tenían nada que hacer con ella, la vieja sostuvo que mientras follara (chiqui chiqui) ellos le gritarían a la televisión todo lo que les diera la gana, dije perfecto, hagan lo que quieran, yo voy a preparar una carta para recoger firmas de los vecinos y enviársela a los dueños del edificio, los viejos gritaron ya no me acuerdo qué, di la media vuelta, me largué de su piso dando un portazo, la vieja salió a la escalera desde donde siguió gritando, aún después de oírme abandonar Castillejos 252.

Me dije que para algo tiene que servir la literatura y escribí una carta que dejé en todos los buzones del edificio y entre los anexos de este libro.

La carta dio estos frutos:
—Al día siguiente, la vieja del 3º 3ª cantó sus jotas aragonesas con más fervor que nunca por el hueco de las escaleras
—El viejo amplió su horario de trabajo, comenzando a insultar al televisor una hora antes y acabando una hora después
—La conserje subió a decir que antes de andar escribiendo y distribuyendo cartas primero hay que hablar con ella, para que ella le comunique el problema al dueño de la finca; que de todos modos sí, tenemos razón, esa señora es un problema, porque como era la antigua conserje y tiene treinta años viviendo aquí se cree la dueña del edificio
—Alguien devolvió la carta «Aplaudiendo generosamente el gesto contra la mala educación», no dijo si de los viejos o mía, la educación, ni el gesto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Pero vaya imagen que se va a llevar la gente de Barcelona! jajaja