WORK IN PROGRESS

martes, 6 de enero de 2009

el amor es un producto patrocinado por los fabricantes de condones (continuación)

Se profesionalizó, claro. La gente siempre quiere progresar, ya se sabe. Atracó farmacias y distribuyó drogas a los vendedores al detal. Se planteó el salto a las grandes ligas, como atracador de bancos.
Aunque comenzó a ganar dinero en serio, los ambientes en que se movía fueron cada vez más marginales. Nunca más se le vio en las fiestas de la high ni en los locales de moda donde, de todos modos, no lo dejaban entrar.
Lo último que supe de él es que podía haber estado implicado en un caso duro, relacionado con la hermana de un gilipollas que era corredor de bolsa.

*

En esa época yo jugaba a la bolsa, me creía rico, y el gilipollas bursátil me manejó las acciones por un tiempo, antes de que un golpe de Estado provocara el descalabro de la bolsa y yo me quedara, otra vez, con el culo al aire, mi estado natural.
Parece que al gilipollas bursátil le gustaba la coca. Le gustaba mucho, no podía parar. Consumía más de lo que podía pagarse y acumuló deudas, claro, economía básica, no hay que conocer las finanzas para entenderlo. No había forma de cobrarle y, truco viejo entre los narcos colombianos, pagó por él alguien de su familia.
Me contaron que la hermana del gilipollas bursátil era una chica plástica de las mejor clasificadas en la ciudad. Su familia tenía pasta; ella, en sus ratos libres, era modelo, y sus novios, todos, eran hijos de industriales.
Apareció violada y asesinada, con una cuerda y un nudo corredizo entre el cuello y los pies. Ponen a la víctima boca abajo, las manos amarradas en la espalda, pies y cuello unidos por la cuerda. A medida que la víctima se va cansando, el peso de sus propios pies la va ahorcando. Una muerte lenta y dolorosa, ya se ve. Así amaneció la chica plástica, la hermana del gilipollas bursátil, en una montaña donde los niños de papá se iban a hacer footing.
El caso nunca se resolvió. Su hermano el gilipollas desapareció; parece que lo enviaron a los Estados Unidos, cuando se destapó el tema de sus deudas por drogas. Fabián, su distribuidor, se fue, creo, a la capital. Y de los presuntos colombianos nunca se supo nada.
Sólo quedó su obra, nada más.

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